Hoy, en el curso de Inteligencia Emocional en el Aula de Música que estoy realizando en el conservatorio virtual, me han propuesto analizar esta viñeta y realizar una reflexión personal sobre la misma. Nada más verla, me recordó a las clases que tomé en el Conservatorio Superior de Castellón con el maestro Francisco Escoda sobre el tratamiento del miedo escénico. Un área que trabajamos entonces estaba dedicada a las distorsiones cognitivas, que más o menos vienen a ser aquellas veces que nuestro cerebro nos sabotea por un error en el procesamiento de la información debido a esquemas mentales que nos hemos hecho basándonos en experiencias pasadas y que no necesariamente se ajustan a la realidad del entorno. De las distorsiones cognitivas, las cuatro que puedo recordar mejor son: el lector de mentes, el pensamiento dicotómico, la catastrofización y el error del adivino.
En esta viñeta, observamos con claridad dos de ellas: el lector de mentes y la catastrofización. La primera se refiere a la conclusión sobre lo que piensa la otra persona (en este caso las dos niñas) a la que llegamos sin evidencia, y la segunda a la visualización del peor escenario independientemente de su probabilidad. En música, el lector de mentes ocurre frecuentemente cuando tocamos en público. Y nuestr@s alumn@s lo sufren en muchas audiciones. Les (o mejor, nos) sucede a cada error que tengamos. Comenzamos a pensar lo que el público pensará de nuestra actuación y casi nunca creemos que piensen nada bueno (que en parte es lógico ya que estos pensamientos nos suelen venir cuando hemos tenido algún fallo). Aquí, para comenzar, estamos poniendo en duda la benevolencia del que nos escucha y, para seguir, nos estamos dando a nosotros mismos y al error cometido una importancia que quizás el espectador no nos da. Y ya ni hablemos de cuando entre el público asistente oímos a gente cuchichear... Que oye, igual están hablando de sus zapatos nuevos o de lo que van a hacer cuando salgan del concierto/audición, y nosotros pensando que nos están criticando. Esta distorsión nos genera un aumento de la ansiedad y, en definitiva, un malestar innecesario y desproporcionado. Tal y como le ocurre al protagonista de la viñeta.
Lo mismo nos ocurre a los docentes en nuestra actuación como tales. A mí me ha pasado más de una vez en el aula. Quedarme pensando para mis adentros: "Esto no se lo he explicado bien, no lo ha entendido porque no he sabido aplicarlo o porque he planteado mal la actividad, y ahora el/la alumn@ estará pensando que no le gusta este profesor porque no se explica bien, o porque es un pesado con cosas que no le interesan, o porque no hace las clases tan divertidas como ese otr@ profe (que el/la alumn@ igual ni conoce)". Y cuando está presente un/a compañer@ (o peor, varios) ya ni te cuento. Ya no sólo lo pensará el/la alumn@, si no que encima lo pensará nuestr@ compañer@ y eso podría llegar a suponer que podamos tener problemas en el trabajo. Como reflexión personal, añadiría que reconozco que cuando hablo con un/a compañer@, aún hay veces que me sucede esta distorsión cognitiva y pienso que cosas que digo se pueden malinterpretar y me angustio pensando que ello puede suponer problemas laborales. Esto me lleva a expresarme a menudo con inseguridad y dificultad, y es una de las posibles causas del tartamudeo que a veces muestro y que, gracias al esfuerzo en cambiar estos esquemas negativos, ya cada vez menos personas me notan. También debería añadir que en los ensayos, a veces (cada vez menos, y es algo en lo que estoy trabajando), me asalta el pensamiento de que algún error que haya cometido está siendo criticado por otr@s. La mayor parte de las veces se puede constatar que no es así y que están hablando de otras cosas. Y sin embargo la distorsión cognitiva está ahí. Esto tengo entendido que se debe a que el cerebro cuando busca causalidades no considera tan relevantes las evidencias que niegan la causa como aquellas que la sustentan.
Dicho esto, creo que una de nuestras labores como docentes en el aula de instrumento es mostrar a nuestr@s alumn@s que estas distorsiones cognitivas son eso, errores basados en esquemas erróneos, y no en la realidad objetiva. Lo podemos transmitir mediante las vivencias en el aula (como demostrar que no sólo no le damos importancia a sus errores, si no que los aprovechamos como oportunidades para aprender) y, sobre todo, mediante el ejemplo, demostrándoles que igual que no podemos adivinar sus pensamientos, ell@s tampoco los de l@s demás. Gracias por leer y saludos.