martes, 6 de noviembre de 2018

Análisis emocional de la sonata para piano D784 de Franz Schubert

Bueno, pues en esta ocasión, en este diario de aprendizaje que es, en principio, este blog, voy a analizar desde el punto de vista emocional una de mis obras preferidas para piano: la sonata en la menor D784 de Franz Schubert.

Schubert compuso esta obra durante 1823, y no es de extrañar que reflejara su estado emocional de esa época. Para entender dicho estado emocional bastará con comentar que el 8 de mayo de ese mismo año escribió un poema llamado Mein Gebet (mi plegaria) en el que expresa su deseo por que le llegue la muerte. ¿El motivo? El año anterior contrajo la sífilis, enfermedad en aquella época incurable que lo acabaría matando 5 años más tarde de componer esta sonata.

Cuando escucho esta obra, puedo sentir un torbellino de emociones, desde los agradables recuerdos a los trágicos pensamientos de sufrimiento y muerte. A menudo, durante el primer movimiento podemos escuchar como pequeños momentos de calma se vuelven de nuevo abruptos ataques de rabia. Como al final del movimiento, en el que un periodo de relativa calma se rompe de golpe para recordarnos que dicha calma es pasajera y no va a durar (de la misma manera que la enfermedad que sufría tiene periodos de latencia hasta que vuelve a atacar con fuerza). El segundo movimiento lo veo como un tierno recuerdo no exento de añoranza, a vece salpicado con un poco de esperanza, si bien no parece que sea la esperanza de que vengan tiempos mejores en vida, si no la del descanso de la paz de la tumba. El último movimiento está cargado de fuerza, de pasión, de tragedia, y los momentos de calma vuelven a ser sólo pequeños interludios que preceden a la tormenta. Y para acabar, tres acordes de la menor como una sentencia. Trágico, inamovible, inevitable.


martes, 30 de octubre de 2018

Mi desempeño emocional en el aula

Bueno, pues en el curso de inteligencia emocional en el aula de música (del cual este blog se iniciado como un diario de aprendizaje) se me ha invitado a que realice una reflexión de mi quehacer en aula en lo que respecta a la inteligencia emocional. Como herramienta he utilizado este mapa mental creado en coggle.it 




Creo que el mapa mental muestra bien como me siento respecto a mi desempeño en el aula con lo que tiene que ver con la inteligencia emocional. Me gustaría destacar, eso sí, que en el campo del trabajo en equipo, sobre todo en lo referente en el trabajo colaborativo estoy mejorando mucho gracias a la labor del equipo de la Escuela de Música Mestre Agut Manrique de Almassora en la que soy profe de piano, a los cuales además debo el que esté participando en este curso. Muchas gracias compañer@s. Estoy muy feliz de trabajar codo a codo a vosotr@s.

lunes, 22 de octubre de 2018

El lector de mentes





Hoy, en el curso de Inteligencia Emocional en el Aula de Música que estoy realizando en el conservatorio virtual, me han propuesto analizar esta viñeta y realizar una reflexión personal sobre la misma. Nada más verla, me recordó a las clases que tomé en el Conservatorio Superior de Castellón con el maestro Francisco Escoda sobre el tratamiento del miedo escénico. Un área que trabajamos entonces estaba dedicada a las distorsiones cognitivas, que más o menos vienen a ser aquellas veces que nuestro cerebro nos sabotea por un error en el procesamiento de la información debido a esquemas mentales que nos hemos hecho basándonos en experiencias pasadas y que no necesariamente se ajustan a la realidad del entorno. De las distorsiones cognitivas, las cuatro que puedo recordar mejor son: el lector de mentes, el pensamiento dicotómico, la catastrofización y el error del adivino.

En esta viñeta, observamos con claridad dos de ellas: el lector de mentes y la catastrofización. La primera se refiere a la conclusión sobre lo que piensa la otra persona (en este caso las dos niñas) a la que llegamos sin evidencia, y la segunda a la visualización del peor escenario independientemente de su probabilidad. En música, el lector de mentes ocurre frecuentemente cuando tocamos en público. Y nuestr@s alumn@s lo sufren en muchas audiciones. Les (o mejor, nos) sucede a cada error que tengamos. Comenzamos a pensar lo que el público pensará de nuestra actuación y casi nunca creemos que piensen nada bueno (que en parte es lógico ya que estos pensamientos nos suelen venir cuando hemos tenido algún fallo). Aquí, para comenzar, estamos poniendo en duda la benevolencia del que nos escucha y, para seguir, nos estamos dando a nosotros mismos y al error cometido una importancia que quizás el espectador no nos da. Y ya ni hablemos de cuando entre el público asistente oímos a gente cuchichear... Que oye, igual están hablando de sus zapatos nuevos o de lo que van a hacer cuando salgan del concierto/audición, y nosotros pensando que nos están criticando. Esta distorsión nos genera un aumento de la ansiedad y, en definitiva, un malestar innecesario y desproporcionado. Tal y como le ocurre al protagonista de la viñeta.

Lo mismo nos ocurre a los docentes en nuestra actuación como tales. A mí me ha pasado más de una vez en el aula. Quedarme pensando para mis adentros: "Esto no se lo he explicado bien, no lo ha entendido porque no he sabido aplicarlo o porque he planteado mal la actividad, y ahora el/la alumn@ estará pensando que no le gusta este profesor porque no se explica bien, o porque es un pesado con cosas que no le interesan, o porque no hace las clases tan divertidas como ese otr@ profe (que el/la alumn@ igual ni conoce)". Y cuando está presente un/a compañer@ (o peor, varios) ya ni te cuento. Ya no sólo lo pensará el/la alumn@, si no que encima lo pensará nuestr@ compañer@ y eso podría llegar a suponer que podamos tener problemas en el trabajo. Como reflexión personal, añadiría que reconozco que cuando hablo con un/a compañer@, aún hay veces que me sucede esta distorsión cognitiva y pienso que cosas que digo se pueden malinterpretar y me angustio pensando que ello puede suponer problemas laborales. Esto me lleva a expresarme a menudo con inseguridad y dificultad, y es una de las posibles causas del tartamudeo que a veces muestro y que, gracias al esfuerzo en cambiar estos esquemas negativos, ya cada vez menos personas me notan. También debería añadir que en los ensayos, a veces (cada vez menos, y es algo en lo que estoy trabajando), me asalta el pensamiento de que algún error que haya cometido está siendo criticado por otr@s. La mayor parte de las veces se puede constatar que no es así y que están hablando de otras cosas. Y sin embargo la distorsión cognitiva está ahí. Esto tengo entendido que se debe a que el cerebro cuando busca causalidades no considera tan relevantes las evidencias que niegan la causa como aquellas que la sustentan.

Dicho esto, creo que una de nuestras labores como docentes en el aula de instrumento es mostrar a nuestr@s alumn@s que estas distorsiones cognitivas son eso, errores basados en esquemas erróneos, y no en la realidad objetiva. Lo podemos transmitir mediante las vivencias en el aula (como demostrar que no sólo no le damos importancia a sus errores, si no que los aprovechamos como oportunidades para aprender) y, sobre todo, mediante el ejemplo, demostrándoles que igual que no podemos adivinar sus pensamientos, ell@s tampoco los de l@s demás. Gracias por leer y saludos.